martes, 24 de marzo de 2009

CONSTRUYAMOS JUNTOS UN IDEAL POSIBLE

Cuando el hombre se enfrenta con las cosas, no sólo realiza con respecto a ellas operaciones intelectuales como comprenderlas, compararlas o clasificarlas, sino que también las estima o las desestima, las prefiere o las relega: es decir, las valora.

La posibilidad de esta valoración hunde sus raíces en que las cosas aparecen ante el hombre como fuente de posibilidades para realizar posibles proyectos. Pues bien, cuando una realidad brinda las posibilidades adecuadas para la realización de un proyecto entonces es considerada valiosa.

El valor es de la cosa, en cuanto fuente de posibilidades; pero la cosa aparece como valiosa en cuanto situada en el horizonte de un proyecto humano: como posibilidad que debe ser apropiada para realizarlo. Lo que sucede muchas veces es que, acostumbrados como estamos a fijar un precio a las cosas atendiendo a las leyes del mercado, podemos acabar creyendo que no sólo fijamos su precio, sino también su valor. Y conviene no confundir ambos, porque el precio podemos ponerlo, el valor no. “Todo necio confunde valor y precio” decía A. Machado y O. Wilde completa con sabiduría: “el cínico es aquel que conoce el precio de todas las cosas y el valor de ninguna”.

Por último, el hombre puede iluminar muchos proyectos. Pero uno de ellos es irrenunciable: construirse como hombre.

Si se acepta lo dicho, es fácil convenir que la definición de hombre alcanzada en un momento histórico determinado, da lugar a la emergencia de los valores morales para ese momento.

Pues bien, a estas alturas de la historia, consideramos que la definición de hombre alcanzada, en la que no tenemos tiempo de detenernos, determina la emergencia de los siguientes valores morales: la libertad, la igualdad, el respeto activo (tolerancia moral), el diálogo y la solidaridad. No significa esto que no sean necesarios otros valores como la profesionalidad, la lealtad, la fe... sino que los arriba mencionados son los mínimos que debe contener todo proyecto humano, nunca pueden ser negados y deben articular los restantes valores. Y como no se trata aquí de hacer catálogos, sino de averiguar qué valores son indispensables para vivir moralmente, nos ocuparemos sólo de éstos en lo que sigue. Se trata de valores que cualquier centro, público o privado, ha de transmitir en la educación, porque son los que durante siglos hemos tenido que aprender y ya forman parte de nuestro mejor tesoro común.



Todas las nociones de igualdad, tanto políticas (igualdad ante la ley) como económicas (igualdad de oportunidades sociales; igualdad en las prestaciones sociales), hunden sus raíces en una idea fundamental: todas las personas son iguales en dignidad, hecho por el cual merecen igual consideración y respeto.

El valor igualdad presenta exigencias de gran envergadura tanto a la sociedad como a la tarea educativa. Pero creo que hoy es necesario subrayar con fuerza una de ellas. El comienzo de toda igualdad real ( no formal) hunde sus raíces en la condición social, porque aunque los organismos internacionales carguen las tintas en el racismo y la xenofobia, el mayor obstáculo a la igualdad sigue siendo el desprecio al pobre y al débil, al anciano y al discapacitado.
El valor igualdad está encarnado sólo verbalmente en nuestras sociedades. Aún queda mucho camino para que todos gocen de iguales oportunidades vitales. Incluso, el trato en la vida cotidiana, en nuestra vida, sigue el criterio de desigualdad: afable y servil con los encumbrados, rudo y despreciativo con los débiles. Padres y profesores acabamos enseñando como “habilidades sociales” efectivas la relación con los más fuertes, con aquellos que auguran un mejor futuro social. El mundo de relaciones -que no de amistad- con los fuertes se acaba imponiendo.

Por otra parte, en estos tiempos “postutópicos”, “postmodernos”, incluso está a la baja el conseguir mayor igualdad económica y social (ideal que sirvió de motor a tantos movimientos en décadas anteriores). La crisis del Estado de Bienestar parece abonar la idea de que cada persona es responsable de sus éxitos o fracasos vitales, como si no interviniesen en ellos las “loterías” cultural y social.

Pues bien, perder de vista este valor significa no sólo retroceder en humanidad, sino dar muestras de una estupidez bastante considerable, porque no hay mayor necedad que creer que nunca se necesitará la comprensión del otro, la solidaridad del otro para ser tratado como igual.

2 comentarios:

  1. Hola Vicente:
    El tema se retira a lo largo del texto del título.
    Se rozan varias ideas que se definen de forma complicada. Redacción buena, buena ortografía. Buen uso de la puntuación.
    Lectura difícil. Deja un poco de impresión de desorden.
    Falta foto y seguir los otros blogs.
    3.9

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  2. Hola Vicente:
    El tema se trataba de una cosa totalmente diferente.
    Se rozan varios comando con funciones basicas del entorno windows y sus comandos (ctrl+c)(ctrl+v). buena orto grafía F7. Buen uso de la puntuación(mas F7)
    Lectura difícil. deja la impresion de que usted no lo hizo
    Falta foto y dejar de usar los comandos antes mencionados.
    0,0

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